Cursos de Francés en Suiza

Suiza, más allá de la tarjeta postal

Todo lo que se dice de Suiza es verdad. Montañas que cortan el horizonte y hacen perder el aliento. Fábricas de chocolate que se visitan con la misma devoción que una catedral gótica. Una industria relojera a la que medio planeta trata de imitar sin poder hallar el tic-tac correcto. Un secreto bancario que ha recibido un golpe fuerte, pero que lucha por mantener el misterio más importante para la conservación de la identidad helvética, la receta de la fondue de queso. Y una vida de tranquilidad que parecería confinarse a la contemplación. Todo esto es verdad, como también todas las imágenes de las tarjetas postales, pero nada se comenta. Aparte del castillo de Chillon, del chorro de agua de Ginebra y de la belleza de los territorios de la Suiza romanda, ésta pequeña esquina del país, compuesta por siete cantones y una población francófona que no supera los dos millones, atesora una infinidad de sorpresas. Una vida cultural entre las más ricas del mundo, mantenida por un estado que quiere eliminar su imagen de sanatorio. Una población amigable que está acostumbrada a recibir visitantes de todo el mundo. Movimientos de arte contemporáneo, de una arquitectura que determina la notoriedad de su territorio entre todos los continentes. Suiza no es únicamente bella; sabe acoger con los brazos abiertos a todo el que la visita.

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